El turco

Reconstrucción de la legendaria máquina que logró vencer a personajes como Napoleón

Reconstrucción de la legendaria máquina que logró vencer a personajes como Napoleón

Imaginemos que nos encontramos a finales del siglo XVIII. Es un periodo en el que el mundo es sorprendido por grandes avances tecnológicos: la revolución industrial. Las máquinas comenzaban a remplazar al hombre en una gran cantidad de procesos productivos. ¿Hasta dónde iban las máquinas a reemplazar al hombre? ¿Podrían las máquinas remplazar también la inteligencia humana?

En el año de 1770, un personaje de nacionalidad húngara, Wolfgang Von Kempelen, presentó por primera vez al mundo una máquina capaz de jugar una competida partida de ajedrez contra un humano, juego que se ha relacionado desde hace mucho tiempo con la inteligencia. Además de jugar ajedrez, la máquina era capaz de resolver el “Recorrido del caballo”, un reto que consiste en mover un caballo por todas las celdas del tablero de ajedrez sin repetir ninguna y respetando los movimientos de esta pieza.

Esta impresionante máquina consistía de un modelo de torso y cabeza humanos con dimensiones reales, cuyo rostro barbado, expresión seria y una contundente mirada de ojos verdes, retaba a quien se sentara del otro lado de la mesa a la que estaba unido. En la superficie de la mesa había dibujado un tablero de ajedrez  y al frente, tres puertas, que al abrirlas, permitían apreciar toda la maquinaria que daba vida a este personaje vestido con ropas turcas y un turbante a quien posteriormente se le conocería como “El turco”.

El turco fue una atracción muy popular que se exhibió en diferentes lugares de Europa y América, venciendo en su recorrido a importantes y conocidos personajes como Benjamin Franklin y Napoleón Bonaparte y despertando el interés de muchos escépticos como Edgar Allan Poe.

Como muchos pueden haberlo intuido ya, si nos situamos en la época y con la dificultad del problema a resolver (hacer que una máquina juegue ajedrez), no es tan factible creer que dicha máquina pudiera existir, o al menos no, sin alguna especie de truco. En efecto, esta máquina tenía un secreto:  dependía de un experto jugador de ajedrez escondido en el interior de la mesa que, moviendo una maquinaria tipo pantógrafo, generaba la ilusión de que era la máquina la que jugaba.

Aunque podemos pensar que esta máquina fue básicamente un fraude, es interesante el hecho de que la emulación de la inteligencia humana o inteligencia artificial no es solo un campo de investigación de las ciencias modernas, sino un deseo o inquietud del hombre desde hace muchos años. Es además un problema tan complicado que es difícil concebir, sin bases sólidas, que una máquina lo pueda realizar.

No solamente El turco despertó sospechas en las personas, según el documental “Game Over: Kasparov and the Machine“, el mismo Kasparov acusó a IBM de hacer trampa, creyendo que detrás de Deep Blue había estado un humano que le ayudaba a la computadora a incrementar su capacidad de razonamiento, pues Kasparov conocía estrategias en las que fallaban las computadoras contra las que había jugado con anterioridad y el hecho de que no funcionaran contra Deep Blue le causó desconcierto.

La inteligencia artificial es un campo en el que se tienen avances impresionantes, pero, al mismo tiempo, nos encontramos todavía bastante lejos de poder decir que es posible replicar la inteligencia humana, siendo que, de entrada, desconocemos los mecanismos que hacen funcionar el cerebro humano y los procesos automáticos de aprendizaje y conciencia de nosotros y el entorno.

Este retraso ha fomentado la interacción entre computadoras y personas, pues cada uno tiene sus propias fortalezas y debilidades, desembocando en técnicas como el cómputo humano (human-based computation), en donde la resolución de un problema se divide en tareas asignadas a la computadora y tareas asignadas a una persona o grupo de personas, permitiendo obtener resultados que de otra forma no serían posibles.

Este tipo de interacción se ha facilitado con tecnologías de comunicación como Internet, gracias al cual, el cómputo humano se ha beneficiado de la participación de una gran cantidad de personas trabajando de manera remota, una forma de lo que ahora conocemos como crowdsourcing, es decir, un grupo de personas brindando solución a diferentes actividades o tareas que resuelven una necesidad específica.

Justamente en este tenor aparece nuevamente el personaje del que estábamos hablando. Y es porque este personaje presta su nombre a uno de los sitios pioneros en crowdsourcing y que vio la luz por el año 2005: Amazon Mechanical Turk. La intención de este servicio es la de abstraer a una gran cantidad de personas que realizan tareas sencillas para los humanos y difíciles para las computadoras presentando los resultados a sus clientes como si se tratase del resultado de un proceso de cómputo. Dicho resultado puede ser posteriormente utilizado por un grupo de desarrolladores que completarán la resolución del problema general que tratan de resolver o en otros casos, son solo humanos los que resuelven el problema solicitado.

Aunque El turco no sobrevivió hasta nuestros días, pues después de la muerte de sus dueños terminó siendo donado a un museo en donde fue victima de un incendio, esta máquina es una curiosa muestra del ingenio humano, así como de un deseo por explorar y replicar la inteligencia humana. La imagen que aparece al principio de esta entrada, corresponde a una reconstrucción existente de esta curiosa máquina, la cual fue realizada por pedido de John Gaughan, un ilusionista y vendedor de productos para magos de Estados Unidos.

Un comentario en “El turco

  1. No seria dificil buscar a un genio del ajedrez y meterlo dentro ka maquina ya sabemos que los hombres inteligentes siempren quieren mostrar su, superioridad ante otros. Tengo una duda sera que los primeros en ocupar ka maquina se quedaran callados si, siquiera alardar o contar sus asañas frente a lis grandes ajedrecistas que derrotaron? Gracias por la informacion.

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