El culto al cargamento (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius)

No más de uno notará que el título de esta entrada es algo inusual. ¿Culto al cargamento? ¿Tlön? ¿Acaso más lenguajes de programación esotéricos? Algunos reconocerán el título de un cuento del famoso escritor Argentino Jorge Luis Borges.

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

Ficciones, Jorge Luis Borges

Una de las compilaciones de cuentos de Borges que contiene el cuento de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”

Empezaré por dar un contexto rápido de este cuento, que pueden leer aquí en línea, publicado también en el libro titulado Ficciones. La historia comienza con el hallazgo de una referencia enciclopédica de un misterioso país llamado Uqbar. Pero este país no es el único hallazgo extraño, poco a poco surgen las referencias a Tlön y toda una región llamada Orbis Tertius. Estas referencias forman parte de una conspiración para crear, a partir de la imaginación, un nuevo orden en el mundo que se va filtrando poco a poco en la realidad para alterar de formas drásticas el mundo existente.

¿Qué tiene que ver esto con computadoras o programación o con este blog?

Empezaré asociando este fenómeno al Internet, la llamada “carretera de la información”. Internet es un medio que permite un gran intercambio de, justamente, información. Cualquier persona puede publicar o compartir lo que sea. Desde aquel que amablemente nos informa en su cuenta de tuiter que ya va a bañarse, como aquel que quiere compartir un borrador de una publicación científica. De la misma forma, millones de receptores de esta información la procesarán y actuarán en consecuencia, como por ejemplo con un like o un retuit. Pero, ante tanta información, generada de maneras tan diversas, surge el problema de la calidad de la información. ¿Qué tan veraz o confiable puede resultar lo que leemos en Internet?

Aquí viene una historia personal. Hace ya varios años, en un rato de ocio y un sincero intento científico de observar cómo se eliminaba la información falsa de Wikipedia, redacté una ficticia biografía de un personaje famoso y controvertido en México: el Doctor Simi (leer biografía falsa). Dado que era una evidente vandalización de Wikipedia, este artícuo no duró mucho tiempo, aunque algunos elementos se fueron retomando en la biografía del dueño del negocio cuya mascota es el Dr. Simi. Así pues, el ficticio lugar “Chinches Bravas, Jalisco” pasó a ser por un tiempo el lugar de nacimiento de Víctor González Torres, para después de unos meses continuar siendo únicamente Jalisco y finalmente ser reubicado a su verdadero lugar de nacimiento: la Ciudad de México.

Doctor Simi

Personaje que tuvo su biografía imaginaria en Wikipedia.

En este punto empieza ya a notarse un paralelismo con la historia de Borges. Aunque en su cuento las leyes de la física comienzan a cambiar para adaptarse a aquellas que Orbis Tertius obedecía, es evidente que eso no va a ocurrir a partir de una modificación de Wikipedia. Sin embargo, lo que sí se concreta tras una información errónea consumida de Internet es la creencia en esta información. ¿Cuántas personas creen o creyeron que Chinches Bravas es un lugar de Jalisco? ¿Cuántas creyeron en la historia de los medicamentos adulterados del Dr. Simi? Creo que muy pocas, pues es evidente el sentido humorístico de esta biografía.

¿Y qué pasa si el sentido humorístico no se nota? Pues bien, esa semana estaba muy ocioso y con un gran interés científico en Wikipedia, así que decidí hacer una contribución igualmente ficticia, pero de apariencia más seria. Edité el artículo que hablaba sobre “Formato de archivo informático” e inventé algunos detalles falsos sobre el qué es un formato de archivo y le atribuí la invención del concepto a un ficticio personaje llamado Rajish Rasack, profesor de la Universidad de Etiopía. Aunque el artículo fue rápidamente corregido en los aspectos técnicos erróneos, Rajish Rasack sobrevivió un tiempo considerable, suficiente como para permear, desafortunadamente, en la investigación de alguien más, quien publicaría el libro “Convergencias de medios : la integración tecnológica en la era digital”. En esta liga pueden ver a nuestro amigo Rasack inventando el concepto de formato de archivo en 1963.

Debo aclarar que cuando me percaté de esto traté de contactar sin éxito a los autores. Les dejé al menos un correo electrónico avisándoles de la falsedad de la información.

En este último caso, la información no solo fue creída por aquellas personas que escribían el libro, sino que a su vez es transmitida a otras mediante el mismo libro en cuestión. Aunque es muy poco probable que esta información vaya a llegar a formar parte de las creencias de la mayoría de la gente, existe una gran cantidad de información falsa, difundida por Internet y otros medios, que pasa a ser parte de las creencias colectivas. Nótese por ejemplo la gran cantidad de citas falsas o atribuciones de citas a personajes como García Marquez o Einstein que circulan por Facebook.

El culto al cargamento

Ahora que se ha expuesto el fenómeno de Tlön, veamos sus consecuencias. Como seres humanos, al igual que otros animales, tenemos una tendencia instintiva a tener miedo de los sucesos que están fuera de nuestro control y entendimiento. Para poder superar esos miedos, desde tiempos ancestrales se ha tratado de dar explicación a los fenómenos y lograr algún tipo de control sobre ellos, incluso creando figuras como los dioses, quienes, a través de algún tipo de ritual pueden ser contactados e intervendrán a favor de los humanos.

En la actualidad, muchos fenómenos naturales han sido explicados de una manera científica, dejando atrás ciertas creencias religiosas, pero, al seguir existiendo una gran cantidad de fenómenos sobre los que no se tiene el suficiente conocimiento ni control, las religiones siguen siendo el medio por el que se intenta controlar estos fenómenos.

La falta de conocimiento sobre algo particular y el tener que enfrentarlo, nos llevan muchas veces a generar creencias falsas, un mito que explique el fenómeno y un culto que ayude a su control. Pensemos por ejemplo en las sociedades más alejadas de la modernidad. Pensemos en tribus aisladas del mundo moderno que entran en contacto por primera vez con los avances tecnológicos que para nosotros son cotidianos. ¿Cómo reaccionarían?

Una tribu en una reconstrucción ritual de un avión.

Una tribu en una reconstrucción ritual de un avión.

Resulta que durante la primera mitad del siglo XX, tribus con estas características existían en una zona de islas situadas al noreste de Australia y conocidas en conjunto como Melanesia. Los habitantes de estas tribus tuvieron contacto con el “mundo moderno” de una manera bastante inusual: cargamento que aviones enviaban a las milicias combatientes en esas zonas durante la segunda guerra mundial. Esta región vio en primer lugar a milicias japonesas y posteriormente a militares estadounidenses quienes compartían con los nativos parte del cargamento que los aviones enviaban, como ropa, comida enlatada, tiendas de campaña y armas, a cambio de ser guiados por los territorios que los nativos conocían bien.

Este contacto derivó en un fenómeno muy curioso: el culto al cargamento. Los nativos comenzaron a conjeturar sobre la llegada de estos avances tecnológicos, concluyendo que los soldados eran mensajeros de los dioses quienes les entregaban productos divinos que les daban ventajas sobre otras tribus, gracias a los rituales que ellos realizaban. Así pues, los aviones pasaron a ser un símbolo al cuál adorar de la misma forma que algunos soldados se volvieron también objeto de culto y adoración.

Muy interesante, pero ¿cuál es el punto de todo esto?

Toda esta historia es para comprender el grave daño que la información falsa y la carencia de una respuesta crítica hacia ésta genera en la sociedad.  No hablo solo de biografías falsas o  de un libro con un dato falso cuya audiencia será limitada, sino de información que se hace llegar de forma masiva y con propósitos políticos, económicos o culturales determinados.

Este pensamiento de culto al cargamento se ve fácilmente identificado en las pseudociencias. Hay personas que sin una base científica sólida, comienzan a crear sus propias conjeturas, aunque, análogamente a las creencias de que adorar a un militar o a un avión va a resultar en cargamento enviado por los dioses, totalmente erróneas y carentes de sentido. Por ejemplo, la explicación de la homeopatía o la cura del cáncer a través de la mecánica cuántica que algunas personas predican sin un sustento realmente científico. Estas creencias pueden llegar a una cantidad importante de personas y consolidarse en la creencia popular, lo cual resulta peligroso, al grado que en México, existen escuelas de nivel superior perpetuando ciertos mitos.

Estas falsas creencias llegan tan hondo dentro de la cultura predominante, que es común ver en pleno siglo XXI a personas que pagan para que les lean las cartas o para conocer la fortuna que les deparan los astros, personas que creen que píldoras mágicas son el remedio definitivo para los dolores que les aquejan y personas que creen firmemente que los problemas políticos, sociales y económicos de un país se pueden resolver rezando. Todo lo anterior claro, impulsado por los medios masivos de comunicación.

Dentro de la programación de sistemas podemos ver también una práctica conocida como programación de culto al cargamento. La horrible práctica del copiar y pegar sin comprender el funcionamiento del código en cuestión. Ocurre en muchas ocasiones que algunos programadores sin la experiencia suficiente y sin el conocimiento adecuado, buscan en Internet una solución genérica a su problema, la cual incrustan, tal cual la encontraron, en el programa que están creando. Cuando se hace esto se corre el riesgo de estar copiando el error de alguien más, resultando en comportamientos inesperados. También ocurre que gran parte del código copiado no tiene ninguna utilidad en el lugar al que fue transferido, como por ejemplo la inicialización de variables que serían utilizadas más adelante en código que no fue copiado. Otros síntomas de la programación de culto al cargamento son, por ejemplo, la inclusión de patrones de diseño sin entender en realidad el patrón de diseño. El agregar bibliotecas que no se sabe qué hacen, ni cuál es en realidad la que se utiliza.

Todos los problemas anteriormente descritos surgen de una falta de conocimiento y su solución, aunque sencilla, requiere de mucho esfuerzo. Ahora que el fenómeno ha sido expuesto, los invito a no caer en él. Hay que mostrar una actitud crítica con la información que se recibe y buscar siempre hacer las cosas porque sabemos cómo funcionan, no generar cultos de cargamento ni permitir que se sigan perpetuando.

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